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lunes, 1 de diciembre de 2014

Ayer, mañana y la semana que viene.

Ayer nos prometimos que mañana quedaríamos la semana que viene.
  Fracasamos.
La semana que viene, pensábamos mañana, sería mejor que ayer.
  Erramos.
Mañana mis ojos miraban tu cuerpo que ayer sudé y la semana que viene sequé.
  Tocamos.
Las cartas de ayer olían. Las de mañana torcerán. Las de la semana que viene sin tinta.
  Tachamos.
Los amores de mañana y la semana que viene peleaban contra el de ayer.
  Perdimos.
El teléfono de ayer reía. El de mañana susurraba. El de la semana que viene quemó.
   Colgamos.
Ayer deshojábamos margaritas. Mañana jugábamos las cartas de la semana que viene.
   Órdago.
La semana que viene es el beso que nos dimos ayer y el mañana nos robó en el portal.
   Escapémonos.
El ayer se vestía de tequieros y el mañana se retocaba los teodios. La semana que viene se desmaquilló teprometos.
  Disfracémonos.
Ayer fue impresionismo cautivador. Mañana, cubismo de aristas dolientes. La semana que viene, abstraccionismo de interpretación libre.
  Pintémonos.
La semana que viene vi tu falda de ayer coqueteando al vuelo con el mañana.
   Aterricemos.
Mañana te volví a leer ese cuento de ayer, pero la semana que viene el final era distinto.
  Imaginemos.
La música de la semana que viene era el silencio de algo que compusimos ayer y tocaste mañana.
vEscuchémonos.
La luna de mañana era esa estrella que quemaba la semana que viene cuando ayer llovió.
   Atechémonos.
Mañana eras el verso más largo de la tragicomedia que empecé ayer y terminaré la semana que viene.
   Actuemos.
La semana que viene dejaste de ser el viaje más inexplorado que comencé mañana y descubrí ayer.
   Aventurémonos.
Mañana eras lo amargo de un postre que cociné ayer y salé la semana que viene.
   Comámonos.
La semana que viene te quise más que mañana pero menos que ayer.
Odiémonos.
Mañana te odié menos que ayer pero más que la semana que viene.
   Querámonos.

martes, 4 de noviembre de 2014

Buscando un final.

Que no se sabe cuando hay
que ganar para perder,
que perder para ganar.
Que querer para llorar,
que llorar para aprender.
De las ganas de tener,
proteger, agradar,
a este despacho ruinoso
donde un futuro moroso
cobra tan vanidoso
el pasado que se fue.
De buscarnos a perdernos,
de reirnos a matarnos,
pensarnos ya muy lejanos,
luchar sabiéndolo en vano.
Te prometí inconsciente,
tu soñaste infinito.
Ya nos es indiferente,
fuimos todo, ¡dios bendito!
Cartas de promesas perfumadas
en tus cajones apartadas
tocan trompetas y trombones
para el Fin que mira de reojo.
Sin culpas ni intenciones.
Que no tiras, ni yo aflojo.
No hay librerías baratas
que no tengan sentimientos.
Ni reproches con sardinas,
como diría un tal Sabina.
No pienses que no te quise,
que eras o tú o todas.
Ni que soy como esas ratas,
buscando siempre alimento.
Pero buscas noches de boda
y yo que no me pisen.
Contigo aprendí a aprender,
en blanco y negro a querer.
Pero ganamos para perder,
me quisiste para llorar,
y yo lloraré para no tener.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Perdido.

No es por esperar
que la vida se me marche.
Ni tampoco por volver
a hacer los hechos desechos.
Normalmente voy tirando
entre remiendo y parche,
entre cura y espanto,
con dudosos derechos,
a golpe de volante.
Dos teclas de piano
con un mismo sonido,
rutina asfixiante,
teléfono comunicando,
papeles perdidos,
papeles que no arden.
Cámbiame las notas,
escribe desafiante,
deja las ventanas rotas,
es lo único que pido.
Las agujas del pasado,
avanzando, caminando,
una vuelta, dos y tres,
no se para este vaivén.
Llega antes del café,
que si no marcho.

viernes, 10 de octubre de 2014

18:24

El paraguas los protegía de las miles de lágrimas que caían, constantes y envenenadas, del cielo. Las maletas estaban empapadas, pero era lo menos importante. Eran las 18:24 y restaban seis minutos para que el vacío llegase y, disfrazado de un dios inmisericorde, los separase de súbito y sin opción. En el andén no había palabras, ni siquiera besos; era un abrazo para lo único que tenían fuerzas y tampoco es que fuese como aquellos que se daban en esas noches que pasaron entre jazz, vino y sábanas.

Se miraban deseando que no fuera cierto, pensando cómo engañar al reloj y sabiendo que era el final. De fondo, como esa música que suena a veces sin que te des cuenta, el tren anunciaba su llegada con las trompetas de la Muerte. Entonces se fundieron un poco más, él oliendo su perfume, ella queriendo protegerse. Cuando las puertas se abrieron, se besaron como si fuesen niños y fueron soltándose, acariciándose la mano según ella se iba metiendo en el vagón con el equipaje que se había ido mojando de tristeza. Procuró sentarse en un sitio de manera que él no pudiera verla llorar, agachó la cabeza y cerró los ojos.

El tren comenzó a moverse a velocidad tortuga, como si quisiera aumentar, con maldad y alevosía, su sufrimiento. Él prefirió mojarse durante un rato así que cerró el paraguas y vio desaparecer el tren a lo lejos, con todo lo que ello significaba. Sabía que no volvería a verla, que no recordaría su olor ni la sonrisa inocente que solía dedicarle. Pero también sabía que las cosas efímeras, por contradictorio que pudiera parecer, suelen quedarse en nuestra memoria como símbolos aislados de una vida que merece la pena bailar mientras te pisas los pies. Y ella no era una excepción.

jueves, 2 de octubre de 2014

Ni siquiera.

Ni siquiera me habló
ni me dio algún motivo.
Ni siquiera se tapó
a pesar de tener frío.
Ni siquiera palpitó
la emoción del enemigo.
Ni siquiera lo pensó
ni conmigo ni contigo.
Ni siquiera se movió
a pesar de darme vueltas.
Ni siquiera bailó
con el miedo su cadera.
Ni siquiera gritó
la vieja herida abierta.
Ni siquiera escribió
cuatro palabras muertas.
Ni siquiera recordó
lo que era cuando fuimos.
Ni siquiera me rozó
el aire de su abanico.
Ni siquiera reservó
mesa de lágrima y vino.
Ni siquiera valoró
el sentir de los instintos.
Ni siquiera devolvió
los recuerdos que debía.
Ni siquiera escuchó
cicatrices merecidas.
Ni siquiera quemó
miradas en gasolina.
Ni siquiera secó
una flor ya marchita.
Ni siquiera sonrió
cuando yo era su payaso.
Ni siquiera anheló
aquel tren en la estación.
Ni siquiera cantó
cuando vació aquel vaso.
Ni siquiera dudó
en el cambio de guión.
Ni siquiera tembló
al entrar al laberinto.
Ni siquiera salió,
y yo justo aquí me rindo.
Ni siquiera quiso,
ni queriendo siquiera.

martes, 30 de septiembre de 2014

Cenizas

Lo consideraba insomnio. <<¿Por qué no puedo dormirme?>> se dijo para sí. Se dio la vuelta y se puso boca arriba, con unos ojos planetarios, perezosos e indolentes, y alcanzó el interruptor de la luz con una mano autómata que se divertía haciendo justo lo contrario de lo que se supone que era lo correcto y sensato: dormir.

Despierto, en vela, cogió un cigarrilo del paquete que estaba en la mesita junto a la pequeña lámpara que le alumbraba, un bote de pastillas, una copia de su carta de despido que estaba debajo de un folleto de la asociación de alcohólicos anónimos y la foto. El marco estaba roto y el cristal tenía una pequeña grieta, en forma de cuarto de luna, en la parte inferior derecha; pero la foto era nítida, igual que su recuerdo. Como si fuera ayer, o hace dos horas. Allí estaban sonrientes, felices, los tres en esa pequeñita cabaña del bosque: su dulce niña, su siempre perfecta esposa, y él.  

No hacía un año que estaban volviendo por carretera en dirección a la ciudad de esas maravillosas mini vacaciones entre naturaleza y sonrisas. En la radio estaba sonando Hold the line de Toto y los tres tarareaban vivamente. Fue el conductor que venía de frente el que no supo 'mantener la línea'. La vida a veces tiene estas macabras casualidades. Normal, por otra parte, si nos atenemos al posterior informe policial en el que se determinaba que el individuo duplicaba la velocidad permitida en una carretera comarcal con bastantes curvas. Ellas ya no estaban. Su sustento, sus pilares, su felicidad. Todo marchito. Él existía en cuerpo y forma; en alma, también estaba muerto.

Los meses posteriores fueron puro ruido. Se limitaba a respirar. Llegaba tarde y mal al trabajo, a consecuencia de las largas noches empapadas de alcohol barato. Tampoco pisaba demasiado el apartamento cochambroso que había alquilado tras vender el piso espacioso que tenían. Sus ahorros se fueron en abogados, juicios y juegos nocturnos que se vestían de evasión. No tenía nada, ni nadie, y el recuerdo de sus flores no era suficiente en un terreno tan grande, tan yermo, tan estéril, tan seco. 

Con el cigarro quemando lentamente en su comisura y la luz aclarando toda esa estancia indigna y sucia, se fijó en una mosca que yacía muerta, boca arriba, en el interior de la lamparita. Y le recordó a él cuando antes volaba con ellas a cualquier lugar. Y le recordó a él ahora que estaba ahí, de cuerpo presente, pero vacío y sin latido por dentro. Ni dudó, ni tembló: cogió el cigarrillo ya casi consumido y lo dejó entre sus dedos, con la mano apoyada en la sábana. Después cerró los ojos, sonrío y esperó, pensando <<Ya llego, preciosas. Seguid cantando.>>.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Las Lanzas de la Sinrazón.


En Asturias, tenemos la suerte de tener numerosas cuevas rupestres como la de Tito Bustillo, Covaciella o Candamo. Una cosa curiosa que recuerdo de mis visitas a estos lugares es cómo nuestros antepasados pintaban a los animales con una cierta veneración y agradecimiento, siendo éstos el tema central de los dibujos. Incluso se encuentran formas antopomórficas en lo que parece un deseo de los habitantes de las cuevas de poseer ciertas características o cualidades animales, otorgándoles así una especie de superioridad en algunos aspectos como la fuerza o la adaptación al entorno.

Y de ésta muestra de cultura e inteligencia (primitiva) hace miles y miles de años. Desde entonces, el ser humano ha evolucionado en todos los ámbitos posibles hasta el día de hoy, con altibajos y capítulos negros y desastrosos a lo largo de la Historia de los que parece que no ha aprendido y, no sólo eso, sino que volvería a ellos con un cierto regusto macabro. Como digo, en lo general se han llegado a unas capacidades intelectuales y tecnológicas realmente asombrosas que a veces chocan contra el sentido común y la lógica, generando un sinsentido realmente difícil de explicar. Una de estas colisiones tiene nombre propio: Tordesillas.

Soy antitaurino, y muy orgulloso de decirlo. Soy animalista también. Pero, digamos, un animalista hereje, un animalista a medias, un animalista hipócrita que disfruta un buen jamón, una morcilla a la parrilla, un entrecot en su punto, un foie untado en pan. Visto desde otro punto de vista, soy un carnívoro venido a menos, ya que la ingesta de carne que realizo es mínima y procuro, o me prohibo, que el 'bichito' en cuestión tenga menos de 'x' meses de vida. Amo los animales en todas sus formas y especies y el sufrimiento de éstos va ligado al mío. Son los seres más vulnerables de esta tierra, sin maldad (no confundir maldad con supervivencia) y que, en gran parte de ocasiones, dan lecciones a los que normalmente son sus dueños, sus amos, los que los encierran en jaulas, los que los abandonan, los que los torean, y un sinfín de cosas (inexplicables y bochornosas) más. Pero el maltratar, torturar, matar, hacer agonizar a un animal por puro divertimento de unos pocos es algo que me repugna como ser humano, que me abate por dentro, que me hace llorar literalmente.

No voy a entrar a valorar ni a hacer una disertación acerca del toreo. Mi postura creo que está clara, y además no es objetivo de este post. Es más, hasta el toreo en sí mismo me parece un arte cogido con pinzas comparado con esa sádica e inhumana fiesta que se celebra en la localidad vallisoletana, a la que los propios nativos le ponen con placer un sustantivo de dudoso gusto: torneo. El Torneo del Toro de la Vega. Con dos cojones. Si buscamos en Wikipedia 'torneo' nos salen tres posibles calificaciones: torneo deportivo, torneo medieval, o 'Torneo' como título de una revista andaluza ya desaparecida. ¿Acaso un acontecimiento, en el cual unos energúmenos clavan lanzas y todo tipo de objetos punzantes como tenedores, cuchillos o destornilladores a un toro inocente por mero disfrute, entra dentro de alguna de éstas categorías? Deportivo, digamos que no... Y ojalá estuviese desaparecido como la revista. ¿Medieval? Si miramos el calendario, vemos que estamos en 2014; aunque es posible que este pueblo, que con tanto orgullo celebra el evento, haya quedado anclado en esa época. Puede que sí.

Tordesillas, el pueblo que cambió la Historia estableciendo un reparto de las zonas de navegación y conquista del Atlántico y del Nuevo Mundo, es lamentablemente más conocido por la atrocidad que cometen sus vecinos en el agonizante y horroroso lanceo de un animal. ¿No sería mejor que, en vez del Toro de la Vega, celebrasen la, por ejemplo, 'Fiesta del Tratado', en honor al Tratado de Tordesillas? A fin de cuentas, sería algo que proporcionaría cultura, interés y unidad, todo lo contrario a lo que provoca el 'Torneo de la Muerte'. Un bien popular sería, desde luego. 

Pero seguramente lo que falte, en este caso, sea cultura. No voy a entrar en ese tópico que se ve por las redes sociales de que si 'la gente de Tordesillas debería leer más libros y usar menos lanzas', por que me parece absurdo. Además de una mentira... Yo me he documentado, y el libro más vendido en esta localidad es 'Teo va a una capea'. Así que... Bueno, a lo que iba; cuando hablo de falta de cultura, me refiero más bien a ese riego constante, que se ha de hacer desde que uno es pequeño, de esos valores positivos que han de inculcarse a una persona, de ese respeto por lo que te rodea, de esas ganas de aprender, de tener algún tipo de amor por el entono y, en este caso, por los animales. Y no me refiero a ese 'respeto' y 'amor' que oigo/leo a los taurinos por un toro que luego va a ser asesinado. No. Ya me entendéis lo que quiero decir. También se oye mucho eso de que "es tradición desde hace mucho tiempo", un argumento obsoleto y carente de cualquier sentido. Para mí, tradición es aquello que ofrece un bien cómun a las generaciones de una comunidad, aquello que se ha de preservar de una manera romántica, aquello de lo que una tierra se siente orgullosa a través del paso del tiempo. Y, joder, orgullo por el Toro de la Vega no se puede sentir bajo ningún prisma.

Hay muchas cuestiones que me planteo y a las que no consigo encontrar respuesta. ¿Por qué se le da una difusión en los medios con un tratamiento festivo? ¿Por qué las putas pretensiones políticas imperan sobre el sentido común de un evento lamentable? ¿Por qué a día de hoy no hay una ley regularizadora y protectora sobre los animales, una ley de verdad? ¿Por qué los miembros de seguridad como la Guardia Civil se llenan la boca contra el maltrato animal y luego son los primeros en garantizar la seguridad y la celebración de la 'fiesta', tratando además como basura a unos pocos valientes que van a mostrar su indignación?

En la última pregunta, además, hay algo relativo a un suceso denunciable acontecido este año en la celebración del torneo, suficiente como para la suspensión y abolición eterna del mismo. Y es la agresión a personas y periodistas que van, unos a protestar pacíficamente y otros a dar cobertura objetiva. Y es aquí cuando ya se pierde cualquier tipo de perspectiva, cuando se cruza una línea prohibida, cuando lo ilógico da paso a lo intolerable. En este punto, creo que las autoridades a cualquier nivel deberían de tomar la decisión responsable y sensata de prohibir para siempre el Toro de la Vega.

Elegido, que así se llamaba el pobre e inocente animal, ya está muerto y no se puede cambiar. Su agonía y su sufrimiento han sido compartidos por miles de personas, que ven desesperanzadas cómo la 'fiesta' sigue celebrándose año tras año, sin que nadie ponga remedio. Siempre esperamos que su sangre, su muerte, no sea en vano; pero lo que parece es que, lo que es en vano, es protestar e indignarse ante la sinrazón, ante lo grotesco, ante lo injusto. 

El ser humano, desde hace mucho tiempo, está herido de una lanzada de la que brota negrura, que llora, que sangra, que se hurga. La de Elegido ya no.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Look Mickey ! : Mitos del Pop Art

Bueno... después de un mes de desconexión, volvemos a darle duro al blog con más ganas que nunca. Ya estamos de vuelta en la jungla de asfalto, en la capital, con una amiga a la que no echaba de menos llamada rutina. ¿Y lo bonito que es romperla? Pues eso es justo lo que hice hace unos días, cuando me decidí a ir al Museo Thyssen-Bornemisza a ver la exposición temporal 'Mitos del Pop', que está disponible hasta el 14 de septiembre (así que todavía os quedan unos días para poder ir). Como bien dice la información de su web, "para el pop toda imagen era reciclable, todo objeto era susceptible de convertirse en arte y su verdadero propósito era ofrecer una nueva interpretación de la imagen en la cultura contemporánea". Y ya os puedo adelantar que no defrauda en absoluto, ya que es una delicia ver obras llenas de colores, rompedoras e imaginativas. Entre los artistas más representativos podemos encontrar a Andy WarholLichtenstein, Alex KatzTom Wesselmann, y Eduardo Arroyo entre otrosDado que está prohibido hacer fotos durante la visita, pondré referencias a los cuadros que más me han gustado e impresionado, y que en ningún caso han sido tomadas dentro del museo.

Roy Lichtenstein - Look Mickey! (1961)

Nada más entrar en la exposición, te obligan a ver uno de los cuadros más rompedores y a la vez desconocidos de Andy Warhol: Nacimiento de Venus. El artista tomó la idea del cuadro original de Boticelli, y le dio una vuelta... bueno, mejor verlo.


En el primer pasillo de la exposición, se encuentran varias obras collage entre las que destacan las de Roy Johnson, como este James Dean (Lucky Strike). Bien parece que para ser el clásico dandy, no te queda otra que destrozarte los pulmones, y si no que se lo digan a Bogart...


Ya en la primera sala te encuentras con varias obras de Roy Lichtenstein, como Look Mickey! que hemos puesto en el encabezado del post, o Mr. Bellamy. No sé si estaba en una exposición de arte, o en el Comic Con, pero aun así es genial.


Otro de los cuadros que me impactó y me hechizó profundamente fue Sylvia de Alex Katz. Puedo decir que estuve como diez minutos atrapado por la magnificencia del cuadro, con esa mirada fría e inquisitoria... Uno de los cuadros que más me gustó sin duda de la exposición.


Otra historia distinta es lo que sentí cuando la vi. Estaba jugueteando con la esponja, llena de espuma, con la sonrisa más bonita de todo el museo. Era preciosa. Pero no era real. La había pintado Lichtenstein, y ni siquiera le puso un nombre para que yo pudiese llamarla... Mujer en el baño, concluyó. Para mi, el mejor cuadro de toda la exposición. Es, simplemente, genial.


Y, hablando de mitos, no podía faltar Marilyn Monroe. Hay numerosos cuadros cuyo motivo principal descansa sobre las curvas de la que, probablemente, haya sido la mujer más sexy del cine. Ejemplo de ello son los cuadros Marilyn Idol de Wolf Vostell (izquierda) y 25 Marilyn de Andy Warhol (derecha).


Collages por doquier. Pero quizá el más explosivo, el que más alegría desprendía, el que más sinsentido poseía, el que más podría definir el pop art en sí mismo, es Still Life #34 de Tom Wesselmann.



Sin embargo, el collage más atrevido y que para mí gana por goleada al resto, es otro de Wesselmann que se titula Bedroom Collage. Rompedor, innovador, provocativo, pequeño pero enorme a la vez. Maravilloso.


También hay cabida para el pop art español. Eduardo Arroyo fue uno de los máximos exponentes del movimiento, y su José María Blanco White amenazado por sus seguidores en el mismo Londres (¡qué titulo!) es un cuadro que me llamó poderosamente la atención, por siniestro, atractivo, oscuro y loco. Me recuerda a uno de los libros de novela negra del gran Henning Mankell, no me digáis por qué... Cuadro difícil, ¿eh?


Otro de los cuadros de Arroyo que pueden verse en la exposición, bastante conocido además, es Vestido bajando una escalera. Otro cuadro que desafía al visitante, que le plantea un juego de perspectivas y que irremediablemente le obliga a contemplarlo de una manera casi  histérica.


Otros pintores españoles que podemos encontrar en la exposición son Equipo Realidad (Jorge Ballester y Juan Cardells) y Equipo Crónica (Manolo ValdésRafael Solbes y Juan Antonio Toledo). Caín y Abel pertenece a los primeros, y es, cuanto menos, llamativo y colorido.


En la sala final de la exposición hay un cuadro que se impone sobre los demás y ejerce una fuerza descomunal, cual guía espiritual, de Equipo Crónica anteriormente citados. Se llama La Salita y es una revisión satírica, jocosa y casi genialmente insultante a Las Meninas de Velázquez.


Este el repaso, más o menos, de las obras que más me han cautivado de la exposición 'Mitos del Pop'. Recomiendo a todos los que no hayáis ido a verla y tengáis la posibilidad de hacerlo, que os paséis por el Museo Thyssen antes del día 14 de septiembre y la disfrutéis. Os gustará o no, pero no os va a dejar indeferente. A mi me ha cautivado tanto, que he comprado los cuadros de Look Mickey! y Mujer en el baño para ponerlos en mi salón :)


viernes, 8 de agosto de 2014

Cerrado por Vacaciones

Bueno, bueno. Entre unas cosas y otras, nos hemos plantado en vacaciones ya. Hacía unos días que no se actualizaba el blog con nuevas entradas debido a diversos quehaceres veraniegos, y en este punto es momento de hacer una parada y tomar un tiempo de desconexión, relax y disfrute con los amigos y la familia. 

En Septiembre volveremos con muchas más cosas, muchas más ganas y muchas más historias para divertir y hacer pasar un buen rato. Me voy que me están esperando Lemmon, Curtis y Mariliyn para bañarnos :)

¡¡ Dsifrutad de vuestras vacaciones !! 


miércoles, 23 de julio de 2014

Gijón del Alma. Parte 1: Volver.

A lo largo de la Historia, muchos hombres se empeñaron en buscar la Fuente de la Eterna Juventud de manera infructuosa, con largos viajes y el sufrimiento de condiciones adversas. Si hubiesen ido por el Norte, pasando por El Negrón, hubiesen tardado una nadería en localizarla ahí, a simple vista, en una Plaza de un Marqués custodiada por un Rey Pelayo que ve pasar, imponente y eterno, a esos jóvenes que riegan de sidra las noches de la ciudad, a esos no tan jóvenes que dan, de la mano, paseos dominicales por El Muelle recordando el paso del tiempo. Cuatro leones la vigilan, con la mirada puesta en los barcos que traen nuevos aires, en el Palacio de Revillagigedo, en el Casco Antiguo y en el ensanche urbano. Tanto el fundador del Reino de Asturias como sus felinos parecen proteger a una ciudad para que siga siendo infinita, para que siga preservando su historia, su cultura y su tradición. Protegen a Gigia. Protegen a Gijón.


Volver. Volver es una palabra que, para los que estamos exiliados, significa ansia e ilusión. Gijón (y Asturias en general) te da de margen alrededor de un mes para estar lejos de ella; después, comienza a echarse demasiado de menos y un inexplicable sentimiento de necesidad se apodera de todo tu cuerpo hasta el punto de que sólo vives por y para volver, descontando días, minutos y segundos. La espera puede ser eterna ya que la mayoría de las veces uno no puede escaparse cuando quiere, bien sea por los distintos quehaceres personales o por el caciquismo que impera en los distintos obsoletos transportes que comunican nuestra querida ciudad.

Esto no pretende ser una pequeña guía turística, sino una pequeña guía sentimental de todos aquellos que amamos Gijón, estemos allí o no. Hay ciertos jueves noche que son diferentes; aquellos en los que sacas en medio de la habitación una vieja maleta desgastada y te pones a pensar, con media sonrisa de niño y la otra media de demonio, qué ropa vas a meter dentro para poder salir luego a tomar unas sidrinas con los amigos por Cimadevilla. Y la cierras y la candas, igual que los magos cierran sus maletines llenos de magia. Te vuelves a casa. Y no te importa tener, al día siguiente, que ir cargando con la maleta por todo el centro de Madrid, porque te vuelves a casa. Emprendes camino en ALSA y cuando vas viendo los prados castellanos por las ventanillas siempre piensas "Madre mía, como Asturias no hay nada". Cinco horas en un autobús (cuando son cinco...) dan para mucho. Y claro, siempre hay que hacer una parada en un sitio recóndito para cambiar el conductor. Minutos más tarde se realiza el primer y único pit stop del trayecto: Villapando (que uno piensa entonces por qué no se puede cambiar de conductor ahí, pero bueno...). Villalpando da para un pis y un café servido por las camareras más ariscas posibles. Las Brujas de Villalpando.

Retomas carretera y poco a poco la orografía del terreno comienza a cambiar según te acercas a la Tierrina. Casualmente es el tiempo en el que tu ya no paras de moverte en el asiento, en parte por cansancio, en parte porque sabes que se acerca El Momento. Los asturianos llamamos El Momento a ese instante en el cual, tras pasar 4,1 km por el túnel del Negrón, con unas luces parpadeantes que te despiertan y te avisan, sales a Asturias. Y ahí están: tus montañas, tus ríos, tu verde, tu orbayu, tu sidra, tus cachopos, tu casa, tu familia, tus amigos, tu vida.


Sabes que te queda una hora aproximadamente para llegar y empiezas a avisar a tu gente por el whatsapp: "Ya estoy en Asturias :)". Haces las paradas en Mieres y en Oviedo, que hacen desesperar a uno, y al final te das cuenta de que estás entrando por la Avenida de la Constitución con una paz y una felicidad equivalentes a un "por fin". Ya estoy en Gijón.



domingo, 20 de julio de 2014

La Cosa Nostra: Del Pueblo y Asturiana

Tras unos días de desconexión con el blog, vengo dispuesto a poneros los dientes largos a todos y cada uno de vosotros con la primera entrada gastronómica (habrá muchas más, vaya por delante). Yo vivo por y para la comida. Considero que es la mayor felicidad que existe en esta vida, y lo aprovecho comiendo absolutamente de todo, probando cosas nuevas y experimentando a más no poder. Descubrir restaurantes y sitios nuevos es una de mis mayores pasiones, y el pecado capital de la gula es mi mejor amigo.

Tengo la costumbre, cuando me quedo los viernes noche en casa, de ir a la parte gourmet de El Corte Inglés y comprar un par de hamburguesas de La Cosa Nostra para preparármelas en casa con mucho mimo y una buena botella de Sidra o de cerveza. Hasta hace relativamente poco era un fijo de la hamburguesa de Juan Pozuelo que lleva ternera, cebolla pochada, pistacho y aceite de trufa. Una delicia. Pero, hace cosa de tres semanas, cuando fui a comprarla, fiel a mi cita, resulta que no les quedaba. Estaba yo ya rumiando la decepción cuando la vendedora me dijo que habían introducido dos nuevas variedades a su catálogo: la Del Puelo y la Asturiana. Como buen asturiano, no dudé en coger la segunda y, como buen glotón, tampoco con la primera.


La hamburguesa Del Pueblo está hecha de carne de vaca gallega con cebolla pochada, bacon y queso manchego. La Asturiana, de carne de vaca gallega (incomprensible), pimentón y queso azul de los Picos de Europa. Pues bien, aquí va mi opinión acerca de ambas, donde ya os adelanto que la de Juan Pozuelo se ha quedado en la última posición del ránking.


Como se puede observar, ambas tienen un buen tamaño y grosor pero la Del Pueblo presenta mucho menos color que la Asturiana debido al pimentón de esta última. En la siguiente imagen vemos cómo se pueden apreciar unos buenos trozos tanto de queso manchego como de queso azul en ambas hamburguesas...


A la hora de cocinarlas, a mi me gusta que estén bien hechas por fuera y en su punto por dentro, para conseguir esa jugosidad que haga que al llevar un bocado a la boca tengamos muchísimo más sabor. Por eso, suelo poner el fuego a un nivel medio-alto (7 de 9, por ejemplo) y dejarlas 1 minuto o minuto y medio por ambos lados. Suelo cocinar las dos a la vez puesto que haciéndolo una a una podría ser que se enfriase la primera y, además, de esta manera consigo el mismo punto y cocción en ambas. Eso sí, ya que tienen distintos sabores suelo ponerlas lo suficientemente separadas para no mezclar sabores.


Una vez está cocinadas, podéis llamarme raro pero me gusta comerlas tal cual, sin meterlas en pan ni añadiéndoles tomate, lechuga, cebolla o salsa alguna. Están lo suficientemente buenas por sí mismas como para introducir cualquier otro producto que pueda desvirtuar o enmascarar su sabor. Un poquito de aguacate, de lechuga o de puré de patata a un lado, por ejemplo, es más que suficiente.


Y ahora, lo más importante. ¿A qué saben? ¿Qué tal están? Pues bien... La Del Pueblo es extremadamente jugosa gracias, sobre todo, al papel del bacon. Además, el queso manchego también aporta un toque cremoso maravilloso y no es demasiado fuerte como para quitar protagonismo a la carne. La cebolla está, y da el toque justo para potenciar el sabor del resto de ingredientes. En conjunto, es una hamburguesa que a mi juicio está absolutamente deliciosa (mucho más que la de Juan Pozuelo) y que dudo mucho que haya alguien al que no pueda gustarle. Respecto a la Asturiana, nos encontramos con un sabor diferente y que puede no contentar a todo el mundo. Me vais a entender enseguida con la siguiente comparación (y los asturianos más): es como llevarte a la boca un trozo de la morcilla del compango de la Fabada empapada en la salsa propia de les fabes. Para mi, claro, soberbio. Pero es un gusto fuerte por culpa (o mérito) del pimentón y del queso azul. Si te gusta el queso azul y el pimentón, no dudes en probarla. Si quieres comer una hamburguesa diferente, no dudes en probarla. Si no te gustan los sabores fuertes y/o crees que el queso azul va a hacer que luego no puedas ligar en la discoteca... lo siento, esta hamburguesa no es para ti.


Vemos en la imagen superior lo que comentaba antes: ese punto doradito y hecho por fuera, y el jugoso y en su punto por dentro. En la Del Pueblo, el sabor del queso manchego está presente en cada bocado que das a la hamburguesa, lo que la hace bastante uniforme. Sin Embargo, en la Asturiana el queso azul no está tan repartido, de manera que, de vez en cuando, te encuentras con un trocito que lo lleva y salta la sorpresa, haciendo un juego en la boca bastante divertido. En la siguiente imagen podemos ver uno de estos cachitos con queso azul:


En definitiva, las dos son unas hamburguesas excepcionales y deliciosas, si bien la Asturiana tiene un sabor más atípico y fuerte. Te recomiendo que cates las dos. La Del Pueblo estoy convencido de que la repetirás y la Asturiana es posible que también si estás abierto a otros gustos. Al menos, pruébala. Lo que está claro es que la Cosa Nostra es un sinónimo de hamburguesa de calidad, con sabor y a un precio económico.

Precio:
  • Del Pueblo (1 unidad): 2.25 €
  • Asturiana (2 unidades): 6,50 €

Puntuación:
  • Del Pueblo: 9
  • Asturiana: 8

miércoles, 9 de julio de 2014

De Dioses y fútbol: Thor y Jesucristo.


"El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme."

Estas palabras pertenecen a Nietzsche, filósofo y alemán. Probablemente, quizá, en el momento en que acuñó esta frase en algún lugar de Brasil se estuviese sambando o rezando o riendo. O las tres a la vez.

La Alemania de la segunda mitad del siglo XIX era, por aquel entonces, totalmente diferente a la de hoy en día: no había Mercedes, no había trabajos (temporales) para jóvenes españoles cualificados, no rescataban y no había fútbol. Pero Thor acabaría prestando su martillo a once jugadores, intercambiables a lo largo del tiempo, que plasmarían en un terreno de juego las características de lo que acabaría siendo el país: solidez, austeridad, autoridad, simplicidad, inteligencia, eficacia y determinismo. Desconozco, humildemente, cómo era Brasil. Pero seguramente algún chiquillo daría patadas a algún objeto sin tener ni idea de que, pasados 100 años, su territorio tornaría en un sentimiento desmesurado por el deporte rey y se convertiría en el máximo exponente de las filigranas y espectáculo balompédico. Sí que se rezaba, eso seguro. Podríamos decir, en términos futbolísticos, que Brasil maravillaba como lo hacía Jesucriso en los sermones mientras que Alemania destrozaba bajo el poderoso influjo de la herramienta del Dios nórdico. Llegados a 2014, se presentaba en el Mundial americano una semifinal entre Jesús y Thor, ambos con dudas de sus propios poderes y convicciones. 

Dejando a un lado dioses y demás parafernalia inventada carente de sentido, a veces este deporte tiene una cruel y placentera justicia poética. Brasil pensaba que era su momento y creó, en 7 días, un universo patético que miraba por encima del hombro a todo aquel pequeño planeta que tuviera que acoger, casi perdonando la vida de sus habitantes y ofreciéndoles una redención intencionada para intentar lavar su propia imagen ante el mal juego (sucio, por otra parte) que desplegaban. Estudiado todo por parte de su imperioso entrenador Scolari, cualquier pequeño detalle o triquiñuela (dejando a un lado arbitrajes) era bueno para tapar las carencias de un equipo presionado por su propia ambición. Ejemplo de ello es el falso consuelo de David Luiz a James Rodríguez en el partido de cuartos. O la criminalización de Zuñiga por lesionar (de manera no intencionada) al hijo de Dios Neymar. O las lágrimas de todos sus jugadores al finalizar un partido. Todo valía. Hasta que llegó Klose y empezó a poner estabilidad en ese universo caótico. Él mismo se encargó, además, de dejar su nombre en el vacío etéro por siempre jamás, convirtiéndose en el máximo goleador de la Historia de los Mundiales.

El minutero había dado veintiséis veces la vuelta en el partido y a Brasil sólo le quedaba rezar de nuevo. Pum. Pum. Pum. El martillo de Thor. Perdón, de Löw. 1, 2, 3, 4, 5, 6 y hasta 7 goles que hacían que el Big Crunch del universo brasileño cada vez estuviese más cerca. Cada tanto parecía una sinfonía distinta del genio alemán (otra vez) Beethoven. Ni siquiera eso, parecían versiones distintas de Für Elise. Pura perfección. El estadio era lo menos parecido a un sambódromo. Descolocados, impresionados, alterados, incrédulos, los futbolistas sudamericanos eran unos muñecos impotentes ante la autoridad alemana. Fútbol total.

Será difícil volver a recordar un partido así, un partido que provocará, lamentablemente, una herida perenne en todos los corazones de la gente de Brasil hasta límites insospechados. De lo que pase fuera del estadio, más allá del fútbol y del mero deporte es algo que no quiero ni pensar.

El fútbol, a veces, tiene estas cosas. Que devuelve la humildad a un pueblo humilde de por sí engañado por el despreciable espectáculo del fútbol moderno, y da la gloria eterna a otro que, de por sí, engaña. Pero eso es harina de otro costal, y aquí lo bello obtuvo la victoria sobre lo enorme. Thor a crucificado a Jesucristo y Alemania ha dado a luz el Gran Estilo.


martes, 1 de julio de 2014

Y sin embargo, te quiero.

La primavera había durado un segundo. Y el verano, lo que tardó en llegar el invierno. Nada de otoños. Me dieron las diez y las once. Después las doce. La una, las dos y también las tres. La luna con una falda muy corta, casi de puta como las que llevan Maruja La Cachonda o mi prima Carlota -la del perro salchicha-, y un montón de conductores suicidas en la jungla de asfalto.

Yo no era un fulano con la lágrima fácil, ni mucho menos. Viví muchas vidas y me colé en el traje y la piel de muchos hombres que no debí ser, y así me convertí en un pirata con pata de palo. Ni tan arrepentido ni encantado de haberme conocido, lo confieso. Empecé a llevar parche en el ojo cuando ella me robó aquel mes de abril. La verdad es que entonces estábamos cada vez más rotos. Cada vez más ella, cada vez más yo, y ningún rastro de nosotros. La muy cabrona tenía un Máster en desengaños, porque se acordaba de quererme cada dos años mientras yo me las apañaba para olvidar. Luego las cosas vinieron solas. Me perdí. Y conmigo, la calma con la cocaína. Ejemplo de ello fue cuando me echaron del Casino de Torrelodones. O cuando me detuvieron los municipales, aunque en aquel momento también llevaba tres copas de más y unas cuantas pastillas para no soñar encima. Yo que era tan rubio, tan fino, tan tieso, tan alto, tan cachas… tan joven y ahora tan viejo con look de presidiario.

Como siempre, habitual en mi, haciendo turismo al borde del abismo. Así era yo. La epidemia de tristeza que había en la ciudad me había contagiado. Estaba apatrullando la ciudad por el Boulevard de los Sueños Rotos, pero mucha gente volvía después de un concierto así que lo abandoné para meterme por alguna calle oscura donde tener eso que llaman soledad. Parecía un clochard moribundo. De esa manera, arrastrado a ras de suelo, igual que en todas las noches perdidas, iba como un gato en celo, sin dueño, por la Calle Melancolía cuando en el número 7, al lado del Hotel Dulce Hotel, me crucé con un gran cartel de neones que anunciaba el bar: El Templo del Morbo. Yo quería ir al de Rafa, pero ya no me fiaba. Así que entré y observé hasta que vi aquella silla vacía del fondo. Sólo había pactos entre caballeros empapados en jarabe de litrona. Llamarse La Cuadrilla de la Muerte tampoco le hubiese venido mal al sitio, la verdad. Me senté y pedí una cerveza bien fría. Levanté mi jarra y brindé a su mala salud. En segundo plano, de manera casi imperceptible, sonaba un bolero que no hacía más que mentir. Pero imperaba el ruido. Mucho mucho ruido. Ruido de amenazas, ruido compartido, ruidos animales, ruido sin sentido. Y después, un wishky on the rocks tras otro.

Yo no acostumbraba a deshojar las margaritas por mucho que me dijeran todas que sí. Pero reinaba detrás de la barra del bar. La camarera que me atendió llevaba medias negras y tenía un relicario en el escote. Y qué labios del pecado. Era una mina antipersonal. Me sobraron los motivos para ir a contarle más de cien mentiras. ¿Qué adelantas sabiendo mi nombre? me dijo. Gata valiente de piel de tigre. Horizontal, 5 letras, nombre de dama. María. Le pedí otra copa y me quejé del precio. Podrás volver a robarme, pero tendrás que besarme, le dije. Parecíamos Dieguito y Mafalda. Al final, a ella también le sobraron los motivos para que la llevase a mi casa, aunque me dijo que no quería ningún amor civilizado. Algunas veces gano y otras veces pongo un circo y me crecen los enanos. Pero esa vez había ganado. ¡Ay, Cupido de mi! 

De camino nos besamos en cada farola, y al llegar a mi portal continuamos haciéndolo como dos estudiantes en celo. Y un piso antes del séptimo cielo se abrió el ascensor. Mi casa era una emboscada y no tenía un buen champán francés. Así que recalenté una sopa con vino tinto, pan y salchichón, mientras ella utilizaba el cristal de mi foto de boda para esnifar mi último gramo.

- ¿Qué hacemos con la ropa? - preguntó a la segunda copa.
- Ámame como odian los amantes - le dije.

Fiesta en la cocina. Su dedo en mi espalda. Me envenenaron sus besos. Sabían igual que los de mis sueños. Nos matamos y nos morimos varias veces, intentando preservar el amor. Al día siguiente, el hueco de su ausencia en mi colchón. Yo, que había puesto su nombre a todas las olas del mar. Yo, que le quería escribir la canción más hermosa del mundo. La más puta de todas las señoras, eso era. El café del desayuno parecía un purgatorio, así que me puse una canción de Chavela Vargas para que la amargura no fuese tan amarga. Tardé en olvidarla 19 días y 500 noches, y en muchas de ellas me tumbaba a la orilla de la chimenea a esperar...

Y, de repente, un día, me llamó. Me dejó abrazado a una duda, pero dejé pasar la tentación:

- Me moría de ganas, querido, de verte otra vez.
- Ahora es demasiado tarde, princesa. Búscate otro perro que te ladre, princesa.

Y es que, al final, todos los finales son el mismo repetido. Acaban siendo como aves de paso. Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

domingo, 29 de junio de 2014

Las voces sin dueño.

"- ¡¡Abogado!!, ¡¡abogado!!, ¿estás ahí? Sal ratita, quiero verte la colita." 
Me despertó de la siesta del sábado la tele (juro que intenté resistirme, pero me ganó el pulso). En ella, la voz de Anabel Alonso hablando "balleno" en la genial y deliciosa Buscando a Nemo. Uno de esos momentos que quedan en la "meeemoooooooriaaaaaa" (sí, yo también sé hablar "balleno") de manera inevitable en todos aquellos que hayan tenido la oportunidad de verla. Bueno, a lo que iba... esa escena me sirvió para darme cuenta del poquísimo y escasísimo reconocimiento que se da a todos esos actores y actrices que dan vida, con su color de voz y su estilo propio, a los grandes personajes de las películas extranjeras que nos llegan, así como a los de dibujos animados, las series o que te llevan de la mano en los documentales.

Desde aquí quiero pedir públicamente las nominaciones para ellos a premios importantes en la industria del Cine, como pudieran ser los Oscar o los Goya. Y es que, ¿quién no se quedaba petrificado con ese "Volveré" en Terminator, acongojado con el "Abogado" de De Niro en El Cabo del Miedo, seducido con la voz de Natalie Portman, partido de la risa con las tonterías de Homer Simpson, lleno de adrenalina con el "Me cago en la puta, joder!!" de Bruce Willis en La Jungla de Cristal, prendado de la experiencia de Morgan Freeman o impresionado con el papel de Scarlett Johanson dando vida a un Sistema Operativo en la actual Her? ¿A que seguramente siempre tuvisteis curiosidad en saber quién es esa gente que les pone voz para que nosotros los disfrutemos? Bueno, pues yo voy a presentaros aquí a un puñado de actores de doblaje que dan vida a los que más me gustan o que mejores películas creo que han hecho, y que seguro que muchos de vosotros compartiréis.

Si ya habéis leído el blog, es un hecho que Jack Lemmon es mi actor favorito, por lo que no me quedaba más remedio entonces que citar primero a Joaquín Díaz, el hombre que pone voz a sus películas. La escena de la cena en El Apartamento es memorable.


















Siempre quise ser una especie de John McTiernan, es decir, de Bruce Willis en La Jungla de Cristal. Eso sí, con la voz de Ramón Langa, que mola un montón. Por lo menos en algo nos parecemos: yo tampoco tengo idea de qué números han tocado en la lotería...



Confieso que en alguna parte de S7ven tuve bastante miedo. Toda la película deseando que Brad y Morgan Freeman diesen con ese malnacido... Impresionante la voz de Pepe Mediavilla suplicando a Pitt que no disparase en ese final que para mí ha pasado a la posteridad de los thrillers.

 


Otra película que tiene momentos sensacionales es El Cabo del Miedo con un Robert De Niro en estado de gracia. Me sigue poniendo los pelos de punta esa escena en la que Ricardo Solans va buscando al abogado, desafiante, amenazante, sintiéndose superior. Menos mal que elegí la ingeniería informática.

 

Seamos sinceros... ¿hay algo más sexy que ver a Uma Thurman matando sin control con una katana? No. Bueno quizá alguna cosa más, pero poco. Menudos gritos pegaba al son de María Mediavilla. Uma, yo practiqué Judo muchos años... pero no tengo katana.




¡¡ La cantidad de peluches, sudaderas, libretas, dibujos y llaveros que tendré de Mickey !! Ni lo sé. Lo único cierto es que todos hemos crecido con él. Esa vocecilla tan aguda que tenía y qué gracioso era cuando se reía, ¿eh? Pues, por increíble que parezca, la voz le pertenece a un hombretón hecho y derecho como es José Padilla, que además es de esa gente que dices "pues tiene cara de ser buena persona", y que también le pone voz al Director Seymour Skinner de Los Simpsons y a Zapp Brannigan de Futurama. Grande, muy grande.



No quiero, me niego, a cerrar este post sin mencionar a dos grandes dobladores que no están ya con nosotros como son Constantino Romero, el cual dobló, entre otros, a Terminator y el padre de Simba, o a Carlos Revilla, la voz del eterno Homer Simpson. Dios los tenga en su bendita gloria.

Os dejo además un vídeo, por si os interesa, de varios dobladores españoles fantásticos y sus personajes más importantes. Espero que os haya gustado este pequeñito tributo a gente que realiza un trabajo muy difícil y que no se les valora lo suficiente bajo mi humilde punto de vista.

martes, 24 de junio de 2014

El espejo roto

“- El espejo se ha roto.
 - Ya lo sé, me gusta así. Así me veo tal y como me siento.”
Se oye un sonido similar al de un disparo. Shirley McLaine sube atropelladamente las escaleras del descansillo, mientras sus tacones gritan su nombre. Él le abre la puerta, perplejo y ojiplático ante la llegada nerviosa y acojonada de la que acabaría siendo su chica, mientras sostiene una botella de Champagne que acababa de ser abierta y la espuma le chorrea por su sus dedos, su mano y el puño de su camisa blanca. Y en ese momento no importa cuánto liquidito dorado se caiga al suelo, porque está ella y a él le da todo igual. Podría haber pasado una eternidad derramando la bebida, que no le hubiese importado. La invita a pasar, un juego de cartas, y Jack Lemmon culmina la mejor película de la Historia, con permiso de Shirley; El Apartamento.


Podría verla mil y una veces, y siempre encontraría algún detalle, alguna palabra, algún gesto que me haría disfrutarla más y más. Alguien, a quien aprecio de manera infinita, me aconsejó varias veces escribir. Hacerme un blog. Decía que lo hacía bien y que además podría servirme para evadirme un poquito de una realidad parecida a la que vivía este personaje en su película. "Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre 8 millones de personas.", decía. Dicha persona fue quien me descubrió esta película, así que es justo que me deje aconsejar por ella.

Un náufrago... Resulta curioso sentirte así en un mundo interconectado, falso, aparente y, sin embargo, que nos encanta a todos y cada uno de nosotros. "Crearnos nuestro propio papel". Tener 1000 amigos en todas las redes sociales existentes. Y, a pesar de todo, ser un Robinson Crusoe. @RobinsonCrusoe. El amigo Jack lo volvía a clavar: “- El espejo se ha roto. - Ya lo sé, me gusta así. Así me veo tal y como me siento.” . 

No lo voy a negar. Muchísimas veces me siento así. Exiliado de mi Tierra en una ciudad salvajemente preciosa, maravillosamente cruel. Así que, desde este momento, intentaré lanzar mensajes como el que escribo, con cierta asiduidad, al inmenso mar actual, por si acaso alguien quiere parar, sentarse y leer lo que puedo decir acerca de lo que acontece en mi pequeña isla. Tampoco es que tenga mucho que contar, puesto que sólo tengo una vieja raqueta para recudir los spaguettis, pero aquello que os pueda decir será desde el cariño, la sinceridad, la risa y la diversión. Vamos, como en una película de Billy Wilder, pero esta vez con letras. Yo, de momento, ya he descorchado el Champagne