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lunes, 1 de diciembre de 2014

Ayer, mañana y la semana que viene.

Ayer nos prometimos que mañana quedaríamos la semana que viene.
  Fracasamos.
La semana que viene, pensábamos mañana, sería mejor que ayer.
  Erramos.
Mañana mis ojos miraban tu cuerpo que ayer sudé y la semana que viene sequé.
  Tocamos.
Las cartas de ayer olían. Las de mañana torcerán. Las de la semana que viene sin tinta.
  Tachamos.
Los amores de mañana y la semana que viene peleaban contra el de ayer.
  Perdimos.
El teléfono de ayer reía. El de mañana susurraba. El de la semana que viene quemó.
   Colgamos.
Ayer deshojábamos margaritas. Mañana jugábamos las cartas de la semana que viene.
   Órdago.
La semana que viene es el beso que nos dimos ayer y el mañana nos robó en el portal.
   Escapémonos.
El ayer se vestía de tequieros y el mañana se retocaba los teodios. La semana que viene se desmaquilló teprometos.
  Disfracémonos.
Ayer fue impresionismo cautivador. Mañana, cubismo de aristas dolientes. La semana que viene, abstraccionismo de interpretación libre.
  Pintémonos.
La semana que viene vi tu falda de ayer coqueteando al vuelo con el mañana.
   Aterricemos.
Mañana te volví a leer ese cuento de ayer, pero la semana que viene el final era distinto.
  Imaginemos.
La música de la semana que viene era el silencio de algo que compusimos ayer y tocaste mañana.
vEscuchémonos.
La luna de mañana era esa estrella que quemaba la semana que viene cuando ayer llovió.
   Atechémonos.
Mañana eras el verso más largo de la tragicomedia que empecé ayer y terminaré la semana que viene.
   Actuemos.
La semana que viene dejaste de ser el viaje más inexplorado que comencé mañana y descubrí ayer.
   Aventurémonos.
Mañana eras lo amargo de un postre que cociné ayer y salé la semana que viene.
   Comámonos.
La semana que viene te quise más que mañana pero menos que ayer.
Odiémonos.
Mañana te odié menos que ayer pero más que la semana que viene.
   Querámonos.