ni me dio algún motivo.
Ni siquiera se tapó
a pesar de tener frío.
Ni siquiera palpitó
la emoción del enemigo.
Ni siquiera lo pensó
ni conmigo ni contigo.
Ni siquiera se movió
a pesar de darme vueltas.
Ni siquiera bailó
con el miedo su cadera.
Ni siquiera gritó
la vieja herida abierta.
Ni siquiera escribió
cuatro palabras muertas.
Ni siquiera recordó
lo que era cuando fuimos.
Ni siquiera me rozó
el aire de su abanico.
Ni siquiera reservó
mesa de lágrima y vino.
Ni siquiera valoró
el sentir de los instintos.
Ni siquiera devolvió
los recuerdos que debía.
Ni siquiera escuchó
cicatrices merecidas.
Ni siquiera quemó
miradas en gasolina.
Ni siquiera secó
una flor ya marchita.
Ni siquiera sonrió
cuando yo era su payaso.
Ni siquiera anheló
aquel tren en la estación.
Ni siquiera cantó
cuando vació aquel vaso.
Ni siquiera dudó
en el cambio de guión.
Ni siquiera temblóal entrar al laberinto.
Ni siquiera salió,
y yo justo aquí me rindo.
Ni siquiera quiso,
ni queriendo siquiera.
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