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jueves, 18 de septiembre de 2014

Las Lanzas de la Sinrazón.


En Asturias, tenemos la suerte de tener numerosas cuevas rupestres como la de Tito Bustillo, Covaciella o Candamo. Una cosa curiosa que recuerdo de mis visitas a estos lugares es cómo nuestros antepasados pintaban a los animales con una cierta veneración y agradecimiento, siendo éstos el tema central de los dibujos. Incluso se encuentran formas antopomórficas en lo que parece un deseo de los habitantes de las cuevas de poseer ciertas características o cualidades animales, otorgándoles así una especie de superioridad en algunos aspectos como la fuerza o la adaptación al entorno.

Y de ésta muestra de cultura e inteligencia (primitiva) hace miles y miles de años. Desde entonces, el ser humano ha evolucionado en todos los ámbitos posibles hasta el día de hoy, con altibajos y capítulos negros y desastrosos a lo largo de la Historia de los que parece que no ha aprendido y, no sólo eso, sino que volvería a ellos con un cierto regusto macabro. Como digo, en lo general se han llegado a unas capacidades intelectuales y tecnológicas realmente asombrosas que a veces chocan contra el sentido común y la lógica, generando un sinsentido realmente difícil de explicar. Una de estas colisiones tiene nombre propio: Tordesillas.

Soy antitaurino, y muy orgulloso de decirlo. Soy animalista también. Pero, digamos, un animalista hereje, un animalista a medias, un animalista hipócrita que disfruta un buen jamón, una morcilla a la parrilla, un entrecot en su punto, un foie untado en pan. Visto desde otro punto de vista, soy un carnívoro venido a menos, ya que la ingesta de carne que realizo es mínima y procuro, o me prohibo, que el 'bichito' en cuestión tenga menos de 'x' meses de vida. Amo los animales en todas sus formas y especies y el sufrimiento de éstos va ligado al mío. Son los seres más vulnerables de esta tierra, sin maldad (no confundir maldad con supervivencia) y que, en gran parte de ocasiones, dan lecciones a los que normalmente son sus dueños, sus amos, los que los encierran en jaulas, los que los abandonan, los que los torean, y un sinfín de cosas (inexplicables y bochornosas) más. Pero el maltratar, torturar, matar, hacer agonizar a un animal por puro divertimento de unos pocos es algo que me repugna como ser humano, que me abate por dentro, que me hace llorar literalmente.

No voy a entrar a valorar ni a hacer una disertación acerca del toreo. Mi postura creo que está clara, y además no es objetivo de este post. Es más, hasta el toreo en sí mismo me parece un arte cogido con pinzas comparado con esa sádica e inhumana fiesta que se celebra en la localidad vallisoletana, a la que los propios nativos le ponen con placer un sustantivo de dudoso gusto: torneo. El Torneo del Toro de la Vega. Con dos cojones. Si buscamos en Wikipedia 'torneo' nos salen tres posibles calificaciones: torneo deportivo, torneo medieval, o 'Torneo' como título de una revista andaluza ya desaparecida. ¿Acaso un acontecimiento, en el cual unos energúmenos clavan lanzas y todo tipo de objetos punzantes como tenedores, cuchillos o destornilladores a un toro inocente por mero disfrute, entra dentro de alguna de éstas categorías? Deportivo, digamos que no... Y ojalá estuviese desaparecido como la revista. ¿Medieval? Si miramos el calendario, vemos que estamos en 2014; aunque es posible que este pueblo, que con tanto orgullo celebra el evento, haya quedado anclado en esa época. Puede que sí.

Tordesillas, el pueblo que cambió la Historia estableciendo un reparto de las zonas de navegación y conquista del Atlántico y del Nuevo Mundo, es lamentablemente más conocido por la atrocidad que cometen sus vecinos en el agonizante y horroroso lanceo de un animal. ¿No sería mejor que, en vez del Toro de la Vega, celebrasen la, por ejemplo, 'Fiesta del Tratado', en honor al Tratado de Tordesillas? A fin de cuentas, sería algo que proporcionaría cultura, interés y unidad, todo lo contrario a lo que provoca el 'Torneo de la Muerte'. Un bien popular sería, desde luego. 

Pero seguramente lo que falte, en este caso, sea cultura. No voy a entrar en ese tópico que se ve por las redes sociales de que si 'la gente de Tordesillas debería leer más libros y usar menos lanzas', por que me parece absurdo. Además de una mentira... Yo me he documentado, y el libro más vendido en esta localidad es 'Teo va a una capea'. Así que... Bueno, a lo que iba; cuando hablo de falta de cultura, me refiero más bien a ese riego constante, que se ha de hacer desde que uno es pequeño, de esos valores positivos que han de inculcarse a una persona, de ese respeto por lo que te rodea, de esas ganas de aprender, de tener algún tipo de amor por el entono y, en este caso, por los animales. Y no me refiero a ese 'respeto' y 'amor' que oigo/leo a los taurinos por un toro que luego va a ser asesinado. No. Ya me entendéis lo que quiero decir. También se oye mucho eso de que "es tradición desde hace mucho tiempo", un argumento obsoleto y carente de cualquier sentido. Para mí, tradición es aquello que ofrece un bien cómun a las generaciones de una comunidad, aquello que se ha de preservar de una manera romántica, aquello de lo que una tierra se siente orgullosa a través del paso del tiempo. Y, joder, orgullo por el Toro de la Vega no se puede sentir bajo ningún prisma.

Hay muchas cuestiones que me planteo y a las que no consigo encontrar respuesta. ¿Por qué se le da una difusión en los medios con un tratamiento festivo? ¿Por qué las putas pretensiones políticas imperan sobre el sentido común de un evento lamentable? ¿Por qué a día de hoy no hay una ley regularizadora y protectora sobre los animales, una ley de verdad? ¿Por qué los miembros de seguridad como la Guardia Civil se llenan la boca contra el maltrato animal y luego son los primeros en garantizar la seguridad y la celebración de la 'fiesta', tratando además como basura a unos pocos valientes que van a mostrar su indignación?

En la última pregunta, además, hay algo relativo a un suceso denunciable acontecido este año en la celebración del torneo, suficiente como para la suspensión y abolición eterna del mismo. Y es la agresión a personas y periodistas que van, unos a protestar pacíficamente y otros a dar cobertura objetiva. Y es aquí cuando ya se pierde cualquier tipo de perspectiva, cuando se cruza una línea prohibida, cuando lo ilógico da paso a lo intolerable. En este punto, creo que las autoridades a cualquier nivel deberían de tomar la decisión responsable y sensata de prohibir para siempre el Toro de la Vega.

Elegido, que así se llamaba el pobre e inocente animal, ya está muerto y no se puede cambiar. Su agonía y su sufrimiento han sido compartidos por miles de personas, que ven desesperanzadas cómo la 'fiesta' sigue celebrándose año tras año, sin que nadie ponga remedio. Siempre esperamos que su sangre, su muerte, no sea en vano; pero lo que parece es que, lo que es en vano, es protestar e indignarse ante la sinrazón, ante lo grotesco, ante lo injusto. 

El ser humano, desde hace mucho tiempo, está herido de una lanzada de la que brota negrura, que llora, que sangra, que se hurga. La de Elegido ya no.


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