No es por esperar
que la vida se me marche.
Ni tampoco por volver
a hacer los hechos desechos.
Normalmente voy tirando
entre remiendo y parche,
entre cura y espanto,
con dudosos derechos,
a golpe de volante.
Dos teclas de piano
con un mismo sonido,
rutina asfixiante,
teléfono comunicando,
papeles perdidos,
papeles que no arden.
Cámbiame las notas,
escribe desafiante,
deja las ventanas rotas,
es lo único que pido.
Las agujas del pasado,
avanzando, caminando,
una vuelta, dos y tres,
no se para este vaivén.
Llega antes del café,
que si no marcho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario