Que no se sabe cuando hay
que ganar para perder,
que perder para ganar.
Que querer para llorar,
que llorar para aprender.
De las ganas de tener,
proteger, agradar,
a este despacho ruinoso
donde un futuro moroso
cobra tan vanidoso
el pasado que se fue.
De buscarnos a perdernos,
de reirnos a matarnos,
pensarnos ya muy lejanos,
luchar sabiéndolo en vano.
Te prometí inconsciente,
tu soñaste infinito.
Ya nos es indiferente,
fuimos todo, ¡dios bendito!
Cartas de promesas perfumadas
en tus cajones apartadas
tocan trompetas y trombones
para el Fin que mira de reojo.
Sin culpas ni intenciones.
Que no tiras, ni yo aflojo.
No hay librerías baratas
que no tengan sentimientos.
Ni reproches con sardinas,
como diría un tal Sabina.
No pienses que no te quise,
que eras o tú o todas.
Ni que soy como esas ratas,
buscando siempre alimento.
Pero buscas noches de boda
y yo que no me pisen.
Contigo aprendí a aprender,
en blanco y negro a querer.
Pero ganamos para perder,
me quisiste para llorar,
y yo lloraré para no tener.
No hay comentarios:
Publicar un comentario